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La crisis de los 20: Qué es y cómo afecta a los jóvenes

25 de noviembre de 2025

La crisis de los 20: Qué es y cómo afecta a los jóvenes

A nivel psicológico, ciertos factores pueden hacer que los jóvenes enfrenten frustración durante etapas de cambio como en la “crisis del cuarto de vida”, es el proceso de transición de la adolescencia a la adultez, en donde se comienzan a asumir responsabilidades y tomar decisiones importantes. Pero al mismo tiempo surgen sentimientos de confusión, ansiedad y presión social que llevan a los adolescentes a replantearse qué hacer con su vida.

Llegar a los 20 años suele estar cargado de expectativas: independencia, estudios, trabajo, relaciones, proyectos. Sin embargo, para muchos jóvenes, esta etapa se transforma en un periodo de dudas y búsqueda de la identidad. La llamada “crisis de los 20” aparece como un fenómeno cada vez más visible, amplificado en redes sociales y reflejado tanto en el cine como en la música y la literatura. Pero ¿se trata de una etapa universal, un invento cultural o una consecuencia de las condiciones económicas y sociales actuales?

La “crisis del cuarto de vida”, término acuñado por la psicóloga Abby Wilner, quien a comienzos de los 2000 escribió el primer libro en el que se identifica el fenómeno. En su investigación, Wilner describe el desconcierto que muchos jóvenes enfrentan tras dejar la escuela y entrar en la adultez. A diferencia de la conocida “crisis de la mediana edad”, esta etapa se caracteriza por la presión de tomar decisiones sobre la carrera, finanzas, relaciones y proyectos de vida, generando ansiedad, dudas y miedo al fracaso.

De igual forma, lo entiende el Sociólogo, Ian Quelopana quien explica que lo que comúnmente se conoce como “crisis de los 20”, también puede entenderse desde la disciplina como un fenómeno de carácter individual, pero con raíces colectivas. En ese sentido, recuerda que desde comienzos de los años 2000 el psicólogo Jeffrey Arnett acuñó el concepto de adultez emergente para describir el período entre los 18 y 29 años, caracterizado por la exploración de la identidad, la búsqueda de independencia económica y la tensión constante entre lo que la sociedad espera de los jóvenes y lo que ellos realmente desean para sus vidas. Agrega que, esta transición no corresponde todavía a la adultez plena, pero tampoco a la adolescencia, y suele generar una sensación de inestabilidad que hoy se ve amplificada por la precariedad laboral y el alto costo de vida.

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DR. Sebastián Corral - Psicólogo y Director de Psicología USerena.

El Dr. en Psicología Sebastián Corral lo complementa desde la salud mental, explicando que justamente esas exigencias externas muchas veces se traducen en un desafío de adaptabilidad, que puede incluso desencadenar lo que se conoce como trastornos adaptativos. “Este periodo está marcado por importantes cambios psicosociales y neurobiológicos, generando una primera "crisis" al enfrentar la incertidumbre sobre el futuro, ya sea al ingresar a la universidad o explorar otras opciones. Esta avalancha de decisiones y la dificultad para adaptarse a las nuevas circunstancias pueden provocar miedos, ansiedad y alteraciones en el ánimo, lo que en salud mental se identifica como un trastorno adaptativo: una respuesta natural, aunque a veces desafiante, a los grandes cambios de vida que nos obligan a redefinir nuestro camino”.

En la Décima Encuesta Nacional de Juventudes (2022), uno de cada cuatro jóvenes dijo (26,9%) presentar síntomas moderados o severos relacionados con la salud mental, cifra superior al 13% que se observó en la población adulta en general. Ansiedad y depresión son algunos de los diagnósticos que más aumentan en este rango etario. Un reflejo de ello es la experiencia de Belén Diedrichs, de 21 años, quien tras cambiarse de carrera encontró un rumbo más claro, pero carga con una autoexigencia tan intensa que le provoca insomnio, palpitaciones y episodios de ansiedad. Además de dolores de cabeza cuando pasa demasiadas horas estudiando, tensión en el cuello y la espalda.

A este escenario se suma la dificultad de insertarse en el mundo laboral, según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), la tasa de desempleo entre los menores de 30 años alcanzó un 16,6%, lo que equivale a 319.014 jóvenes desocupados en el trimestre junio-agosto 2025. Lo que demuestra que el camino hacia la independencia no es algo sencillo. Diana Oros de 27 años, estudió Ingeniería en Información y Control de Gestión y tras egresar pasó meses sin encontrar un empleo formal, por lo que comenzó a trabajar como principiante de manera freelance en una consultoría de conocidos. Aunque la paga era mínima, esa experiencia le permitió aprender sobre tecnología y más adelante, conseguir un puesto estable.

Entre estas estadísticas y teorías, están las experiencias reales de jóvenes que enfrentan dudas, presiones y decisiones que marcan su futuro, Diana Oros cuenta “quizás lo fuerte de esta etapa es empezar a ser 100% independiente. Yo me fui a vivir sola con mi gata, y al principio es chocante, enfermarte sin que nadie te acompañe, cocinarte todo, hacerte cargo de la casa. También cambia la vida social, en la universidad veías a tus amigos todos los días, ahora cada uno tiene prioridades distintas, hijos, parejas… y tu círculo se achica”.

Muchas personas en esta etapa sienten el peso de la comparación social, al ver a sus pares alcanzar metas como graduarse, viajar o formar familias, mientras ellos sienten que están "estancados". Según Ian Quelopana antes los jóvenes seguían un camino de vida bastante definido, saliendo de la escuela para formar familia y establecerse rápidamente. Actualmente, las expectativas son más variadas, centradas en estudios, viajes o experiencias personales, mientras que las relaciones y vínculos tienden a ser pasajeras, menos estables, lo que contribuye a un sentimiento generalizado de soledad y crisis de identidad.

En cuanto a esto, el psicólogo también menciona que, en el pasado no ingresar a la universidad no era un problema, incluso era considerado algo normal. Hoy en día, existe una intensa presión social por ir a la universidad y elegir una carrera, lo que genera mucho estrés. Se observan muchas crisis de salud mental, especialmente en el último año de secundaria, relacionadas con la Prueba de Acceso a la Educación Superior (PAES).

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Imagen tomada por Fernanda Barahona

Francisco de 22 años recuerda que cuando era pequeño se imaginaba a esta edad con una carrera avanzada o incluso con un título técnico en la mano. Creía que a los veinte ya estaría encaminado, con claridad sobre qué quería hacer y con cierta independencia económica “ahora mismo, lo que más me causa ansiedad es pensar en mi futuro. Planeo entrar a la universidad el próximo año y siento que debo hacer tantas cosas antes: juntar plata, saber si elegí la carrera correcta… es mucha presión”. Por lo que su caso no está aislado de la realidad.

De hecho, se vincula directamente con la experiencia de Belén Diedrichs y las dudas que a sus 21 años son constantes, debido a que inicialmente estudió Terapia Ocupacional, carrera vinculada a la rehabilitación física y psicológica de pacientes. Sin embargo, a pesar de tener buen desempeño, sentía que no la llenaba ni le aseguraba un futuro que realmente quisiera “Me iba bien, pero no me veía futuro”, comenta. La elección de aquella carrera estuvo marcada tanto por la presión familiar como por la necesidad de asegurarse un buen futuro, carreras del área de la salud suelen ofrecer mejores salarios y mayores oportunidades de empleo, según Soup Group. Belén reconoce que, incluso tras el cambio de carrera, se impone exigencias propias para confirmar que tomó la decisión correcta, esforzándose por mantener buenas notas y desarrollar las herramientas necesarias para su nuevo camino académico.

Por otra parte, Francisco siente que está “a la deriva”, no estudia ni trabaja, pero tiene la intención de entrar a la universidad. En su caso, las redes sociales han agudizado esa sensación de “estancamiento”, al compararse constantemente con amigos que muestran logros académicos y laborales, lo que ha llevado a frustración y dudas sobre su propio futuro. Su relato conecta con los datos de la Subsecretaría de Telecomunicaciones, que señalan que más del 90% de los jóvenes en Chile se conecta diariamente a internet o redes sociales, y una parte importante reconoce que plataformas como TikTok o Instagram afectan su bienestar emocional.

Esta sobreexigencia, se liga a lo que el Dr. Sebastián destaca como una creencia arraigada en la que en nuestra sociedad existe una fuerte ilusión de que el éxito se mide por la productividad. Desde la adolescencia, se espera que el joven estudie, hasta la adultez, donde la expectativa es trabajar, generar y producir, el no cumplir con estos estándares puede llevar a la crítica y el pensamiento de "fracaso". Esta presión social, donde ser improductivo se asocia directamente con el fracaso, tiene un impacto emocional significativo. Paradójicamente, el ciclo de "crisis" se podría comparar con otra etapa igualmente compleja, la transición a la adultez mayor, un momento crucial de evaluación personal cuando se deja de trabajar y la identidad se redefine más allá de la productividad.

Esto se evidencia no solo en el plano académico, a raíz de esto, Diana comenta cómo su vida se transforma con sus nuevos objetivos y estilo de vida, “Lo más estresante es que tu centro de vida deja de ser la familia o los amigos y pasa a ser el trabajo. Si tienes un problema ahí, te afecta mucho. A eso se suma pagar arriendo, deudas, servicios. Yo compré mi departamento, y todo el proceso del crédito hipotecario fue un show, tienes que demostrar que eres alguien a quien el banco quiera prestarle plata. Son cosas que ni la U ni el colegio te enseñan, las vas aprendiendo sola”.

Desde la sociología, la “crisis de los 20” se ve como un fenómeno más complejo, influido por la presión de la inmediatez, los jóvenes quieren alcanzar rápido la independencia económica, social y familiar, y cumplir con expectativas culturales de éxito temprano. Esta urgencia se ve amplificada por las redes sociales, que refuerzan la comparación constante y la sensación de no estar a la altura. En una sociedad meritocrática, se espera que a los 20 años los jóvenes ya tengan claras sus metas y su identidad, lo que choca con la realidad, y puede generar agotamiento, frustración e incluso afectar la salud mental.

A nivel psicológico, ciertos factores pueden hacer que los jóvenes enfrenten frustración durante etapas de cambio, lo que podría manifestarse como una “crisis”. Entre ellos se incluyen, la dinámica familiar, las relaciones con amigos, el consumo de drogas, trastornos mentales, experiencias de bullying, etc. Si estos factores se abordan desde la adolescencia, los jóvenes pueden enfrentar mejor los procesos de adaptación. Los trastornos adaptativos surgen principalmente cuando no hay apoyo suficiente durante estos cambios. Como señala el psicólogo, Sebastián Corral, aunque algunos cambios parecen crisis, son en realidad etapas o transiciones complejas que, con acompañamiento o pequeños cambios, se pueden atravesar más fácilmente.

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Imagen tomada por Fernanda Barahona

Siguiendo la misma línea, existen algunas estrategias para afrontar de una mejor manera “la crisis de los 20”, como establecer metas claras: Suele suceder en esta etapa que la ansiedad y la incertidumbre aumentan en los jóvenes por una sensación de falta de propósito y no tener claro qué camino seguir. Según Nemours TeenHealth “para reducir esto, se pueden fijar metas, a corto y largo plazo, acerca de cosas que te apasionen o no hayas probado” Cada persona tiene su propio ritmo, no existe ningún camino correcto o manual que señale cómo se debe vivir la vida. La constante presión que dictan las redes sociales lleva a comparar e imitar la supuesta vida del resto de personas, según la página web de Linares Nevado Psicología “aceptarse a sí mismo y ser auténtico es esencial para combatir las expectativas sociales y definir tu felicidad”.

Cada persona tiene su propio ritmo, no existe ningún camino correcto o manual que señale cómo se debe vivir la vida. La constante presión que dictan las redes sociales lleva a comparar e imitar la supuesta vida del resto de personas, según la página web de Linares Nevado Psicología “aceptarse a sí mismo y ser auténtico es esencial para combatir las expectativas sociales y definir tu felicidad”.

Por su parte, la página de BH Psicología indica que es importante destinar un momento de ocio al día, para realizar actividades, hobbies y ejercicios que disfrutes y permitan distracción. Para afrontar la crisis, Francisco recurre a actividades como hacer ejercicio, tareas en la casa, andar en bicicleta o salir con amigos, mientras que Belén encuentra alivio pintando al óleo y disfrutando de salidas sociales.

Sin embargo, si eso no es suficiente los especialistas recomiendan que se busque ayuda profesional cuándo los síntomas se vuelvan persistentes, de manera que afecten el desarrollo de las actividades diarias y el malestar no desaparezca, en estos casos se aconseja buscar un profesional de la salud para ayudar a sobrellevar esta crisis.

En el caso de Diana, para aligerar los momentos difíciles, recurre a pequeñas distracciones, como salir con amigos, comer o simplemente desconectarse. Ella señala que la presión por ser “perfecto” pesa mucho, y que equivocarse y divertirse forma parte de esta etapa de aprendizaje y libertad. Para Belén la etapa de los 20 fue una crisis, pero hoy se encuentra en un momento más positivo, ya que trata de enfocarse en lo bueno y recuerda que el estrés siempre estará, pero es parte de la vida. Su enfoque optimista le permite afrontar los desafíos con mayor claridad y aceptar los cambios como experiencias de aprendizaje.

Francisco, a diferencia de Belén y Diana, aún se siente presionado por las expectativas sociales, académicas y laborales. A pesar de ello, esto no significa que la “crisis de los 20” sea algo negativo como muestran sus historias, cada joven la vive de manera diferente. Son etapas de transición que pueden generar estrés y frustración, pero también oportunidades de aprendizaje. Los errores suceden, forman parte del proceso, y con apoyo, reflexión y autocuidado, se pueden transformar en experiencias que fortalecen la identidad y la capacidad de enfrentar los desafíos futuros.