Cultura

Talento en las Calles de La Serena: Historias de Pasión y Esfuerzo

30 de agosto de 2025

Talento en las Calles de La Serena: Historias de Pasión y Esfuerzo
Felipe Suárez
Por Felipe Suárez

En distintos puntos de la capital regional se ubican artistas callejeros con sus espectáculos callejeros demostrando sus habilidades a los transeúntes. Con distintos talentos, unos  en la música, otros concentran sus esfuerzos en la capacidad de sus reflejos y también  quienes se dedican a las artes teatrales. Cada uno de ellos posee un trasfondo que los llevó a realizar su labor en aquel lugar específico, motivo que ellos mismos revelan con orgullo.

Es común en los lugares céntricos de las grandes áreas urbanas ver personas detenidas en la calle exponiendo alguna habilidad con el objetivo de maravillar a los peatones y conductores para obtener alguna donación. Aunque, detrás de la aparente desesperación que llevaría a una persona a realizar espectáculos en plena vía pública, también se encuentra la pasión de personas determinadas a vivir sus sueños.

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Sin derechos de autor. Imagen de referencia.

Malabares con la vida

En el semáforo ubicado en la esquina de Amunátegui con Benavente se encuentra Miguel, un joven de 25 años que realiza malabares con sillas de plástico y argollas. La demostración de su destreza tiene como objetivo captar la atención de  los conductores de vehículos para juntar el dinero suficiente para sobrevivir el día.

En este sentido, el artista argumenta las razones de emplear sus habilidades en la vía pública, quien señala que “no todos tenemos la posibilidad de presentarnos en teatros, la calle es la opción más rápida para conseguir el dinero a diario”.

Miguel es oriundo de Barrancabermeja, Colombia, un conocido suyo del país caribeño le enseñó a ejercer el malabarismo a los 16 años. “Siempre fui de escasos recursos económicos y vi este arte como una herramienta para salir y conocer el mundo, porque sabía que nunca iba a tener la posibilidad de conocer otros lugares fuera de mi ciudad”.

El joven relata que lleva dos años en Chile y que incluso tuvo la oportunidad de realizar presentaciones en teatros y fiestas, pero que, aun así, la mejor alternativa para ganarse la vida es realizar sus demostraciones en los semáforos, el artista explica que “aunque tengamos mucho amor al arte, igualmente necesitamos dinero al final del día”.

Pese a las dificultades que conllevan la práctica de su labor, Miguel asegura que le apasiona el malabarismo, quien afirma que “esto me cambió la vida, no sé qué sería de mí sino hubiera conocido este arte”.

El soldado

Unas cuadras en dirección al poniente de la ubicación de Miguel, en medio de la calle se identifica una persona vestida completamente de verde, incluso su cara está pintada con ese color. Su vestimenta se asemeja a la de los soldados de juguete de la película Toy Story, al momento de explicarse, el sujeto indica entre risas que “nadie sabe que yo me pinto, así que no le puedo decir de dónde soy o de dónde vengo, estoy en cubierto”.

El arte se llama estatua viviente, consiste en personas que se posicionan en la vía pública disfrazadas como estatuas, debido a estas se mantienen increíblemente quietas, aparentan ser estatuas de verdad. 

Sin embargo, este caso es distinto, puesto que el soldado se mueve. Él nos explica que había ejercido su labor manteniéndose quieto, pero explica que decidió innovar, debido que “yo sé que puedo sacarles más sonrisas a las personas sí me acerco, les hablo e intento hacerles reír, ese es mi objetivo”.

El artista relata que ha tenido la oportunidad de viajar por todo Chile ejerciendo su arte en los dos años que ha permanecido en el país. El sujeto explica que “empecé en Tocopilla y viaje hasta llegar a Puerto Montt, todo gracias a un conocido que me introdujo en la disciplina, fue una grata experiencia”.

Sin embargo, su oficio tiene un lado desagradable, puesto que la pintura que utiliza no es apta para la piel, pero no cuenta con los recursos suficientes para optar por tinturas especiales. El sujeto señala que “siento seca mi piel después del uso continuo, quisiera obtener maquillaje para considerar hacer esto en el largo plazo, porque me apasiona”.

Pese a esto, el artista explica que es feliz desempeñando su labor, puesto que cumple con su objetivo de hacer sonreír a las personas. “Me rio yo, hago reír a la gente y la paso bien, me gusta lo que hago”.

Conciertos en la calle

De lunes a viernes, Diego Ogalde se ubica cerca de la esquina de Brasil con Los Carrera, se instala con una pequeña mesa en la que coloca un recipiente para las cooperaciones, también dispone ordenadamente los discos que contienen sus 13 álbumes grabados. Una vez que deja caer al piso una mochila junto al amplificador que conecta a su arpa, Diego se sienta en un pequeño banco para hacer sonar las cuerdas de su colosal instrumento.

Ogalde declara que no le gustan los conciertos, prefiere demostrar su arte en la vía pública. Explica que “hay que vender las entradas, hacer la publicidad, tienes el público encima y yo no necesito eso; es estrés. En las calles llegas a la hora que quieres y te vas cuando quieres, no hay fechas programadas. Me va súper bien, vendo mis discos; soy libre”.

El arpista recalca que ha tenido la oportunidad de tocar su música en varios lugares del mundo, incluso ha realizado conciertos en países como Alemania, Francia y Corea del Sur. Incluso, añade que “Don Francisco me invitó a sus programas, también la televisión, los diarios, los periodistas, pero no me interesa”.

A Diego no le incomoda lo que puedan opinar despectivamente los transeúntes sobre realizar sus actos en la calle. En sus propias palabras indica “¿qué va a pensar la gente? ¿que soy pobre? No es un problema para mí”.

En este sentido, Ogalde relata que, ejerciendo su oficio en la vía pública, además de practicar y mejorar sus habilidades con el instrumento, también progresa en sus aptitudes, no solo como arpista, sino también como persona. Detalla que “en la calle se desarrolla la paciencia y la tolerancia, se requiere mucha sabiduría tocar en estos lugares, personas que andan estresadas y se relajan escuchando, gente que no le alcanza el dinero para ir a un concierto acá lo tiene gratis”.