
La Infidelidad Laboral: Entre la Proximidad y las Tensiones del Trabajo Moderno
1 de septiembre de 2025 |
Para el año 2020, alrededor del 45% de los chilenos admitió ser infiel en algún momento de su vida. Y el 30% de ellos ha tenido una relación extramarital con un compañero de trabajo.
En un mundo laboral cada vez más competitivo y exigente, la infidelidad ha emergido como un fenómeno que no solo afecta a los involucrados. Desde encuentros furtivos hasta relaciones secretas, este comportamiento trasciende lo personal y tiene profundas implicaciones en el entorno corporativo. Los vínculos emocionales y físicos que se desarrollan entre colegas pueden generar tensiones y conflictos, afectando la productividad y el ambiente laboral. A medida que las fronteras entre la vida personal y profesional se difuminan, la infidelidad laboral se convierte en un desafío complejo que requiere una comprensión profunda de sus causas y consecuencias.
La infidelidad laboral, ha cobrado relevancia en los últimos años debido al aumento de casos reportados y a las dinámicas cambiantes del trabajo moderno. Las razones detrás de esta conducta pueden variar ampliamente, desde la búsqueda de emociones y la insatisfacción en la relación actual, hasta la presión y el estrés del entorno laboral. Estudios recientes revelan que la proximidad diaria, las largas horas compartidas y la conexión emocional que se desarrolla en el lugar de trabajo pueden ser factores desencadenantes significativos. En esta línea, la psicóloga experta en terapia de pareja, Jessica Harrison, argumenta que “la vida familiar y de pareja se ha visto mermada por las extensas jornadas laborales y la exigencia del trabajo. Entonces, es muy fácil que se comiencen a generar vínculos con las personas del trabajo”.
Además de los factores mencionados, el avance de la tecnología y la creciente flexibilidad en el trabajo han facilitado aún más esta problemática. La constante conectividad a través de correos electrónicos, mensajes de textos y redes sociales permiten que las relaciones inapropiadas florezcan fuera del horario, sin que las parejas se percaten. El psicólogo Manuel Elgueta, rectifica que “estas pueden ser algunas de las razones, ya que existen muchas. Desde los patrones familiares, desconexión emocional, hasta autoestima. El no haber trabajado en uno mismo, el estar en el punto donde se busca la autodestrucción y eliminar la propia felicidad, es donde se produce ese quiebre y se empieza a buscar la novedad, la emoción de los problemas, el dejar la monotonía con la pareja estable”.
En Chile, la infidelidad es un tema que ha sido objeto de diversos estudios y análisis. Según un informe realizado por la Universidad Central en 2020, alrededor del 45% de los chilenos admitió haber sido infiel en algún momento de su vida. Este fenómeno no se limita únicamente a las relaciones personales, sino que también se extiende al ámbito laboral. La misma investigación reveló que el 30% de los encuestados reconoció haber tenido una relación extramarital con un compañero de trabajo. Estos hallazgos subrayan cómo la proximidad diaria y las largas horas compartidas pueden propiciar situaciones de infidelidad, afectando tanto la vida personal como la dinámica profesional de las personas involucradas.
El compañero de trabajo como refugio en la tormenta

Rodrigo (38), nunca tuvo en sus planes ser infiel, y mucho menos con su compañera de trabajo. Sin embargo, los problemas en su relación, la monotonía y el desgaste emocional que sentía comenzaron a hacer impacto en él. Poco a poco, empezó a mirar a su colega con otros ojos. “No sé en qué momento pasó, pero empecé a tirarle indirectas y, como ella también estaba pasando por algo parecido, conectamos de inmediato”, comenta Rodrigo.
“Todo comenzó de manera inocente, con largas conversaciones durante las pausas para el café y después de las reuniones. Rodrigo y su compañera de trabajo, se daban apoyo mutuo en proyectos complicados, compartían almuerzos y se quedaban a trabajar hasta tarde. La conexión entre ellos se fue fortaleciendo a medida que compartían sus frustraciones y éxitos laborales. “Al principio, solo éramos buenos amigos y colegas” explica Rodrigo. “Pero con el tiempo, las charlas se volvieron más personales, y me di cuenta de que estaba empezando a buscar su compañía fuera del trabajo también. Un día, una conversación sobre un problema en mi relación se convirtió en un momento de vulnerabilidad compartida, y ahí fue cuando todo cambió”.
Según el psicólogo Manuel Elgueta, hay una alta probabilidad de que pueda ocurrir esta infidelidad, “la falta de comunicación con la pareja y el sentirse atractivo sexualmente por otra persona, hace que se busque esa aprobación y ese sentimiento de necesidad”. Asimismo, la psicóloga Jessica Harrison agrega que “es fácil confundir los sentimientos cuando hay alguna persona que empieza a completar este espacio, y sobre todo, cuando compartimos tantas horas en el trabajo fuera de casa”.
En el caso de Rodrigo, su infidelidad fue el punto culmine de una serie de crisis que venía enfrentando con su pareja. Las constantes discusiones y los problemas económicos lo llevaron a sentir que su relación ya estaba muerta. “Me sentía amargado; todos los días eran peleas, a veces ni nos pescábamos y eso al final termina aburriendo” confiesa Rodrigo.
La infidelidad puede manifestarse de diversas maneras, y su clasificación incluye varios tipos que van más allá de los encuentros sexuales. Según expertos, los principales tipos son, infidelidad sexual, emocional, en línea, de venganza, serial, oportunista y de salida. La sexual implica relaciones físicas fuera de la relación principal y es generalmente la más reconocida. La infidelidad emocional, por otro lado, se centra en la conexión emocional con otra persona, a menudo manteniéndose en secreto y generando una sensación de traición similar a la sexual.
Así fue el caso de Rodrigo, quien encontró en su compañera de trabajo a alguien que lo apoyara. “Me sentía agotado, y ella era quien me animaba y decía cosas para que me sintiera mejor. Era una forma de distraerme y olvidar lo que sucedía en casa” revela Rodrigo.
De esta misma manera sucedió con Ignacio (28), que también fue infiel con una compañera de trabajo. Las razones que lo llevaron a realizarlo son parecidas a la de Rodrigo: la rutina y la dependencia económica estaba matando su relación. “No veía razones para que siguiéramos juntos, excepto por nuestro recién nacido, que era lo único que me ataba a ella. Nuestra conexión se había perdido, así que no fue difícil encontrarla con otra persona” señala Ignacio.
El sentimiento frente a la infidelidad
Las infidelidades de Rodrigo se generaban dentro de su lugar de trabajo. Cuando querían encontrarse con su amante, se retiraba a su oficina y se besaban. Dado que ella era su secretaria, no levantan muchas sospechas que entrara o saliera de allí. El ocultamiento de esa relación secreta, especialmente dado el entorno laboral y sus prohibiciones, podían alimentar la relación. “La infidelidad es una relación pasional. Y la pasión, está sostenida por dos elementos: la prohibición y el secreto” explica la psicóloga Harrison.
Igualmente le sucedió a Ignacio, quien aprovechaba para encontrarse con su amante en los lugares que ella frecuentaba y conversar con ella, a veces durante el almuerzo o muchas veces de camino a sus trabajos. Aún recuerda la mezcla de emociones que sintió en aquel momento. “Fue extraño, sabíamos que estaba mal, pero la adrenalina superaba cualquier otro sentimiento”.
Esta combinación de prohibición y secreto no sólo intensifica la pasión, sino que también creaba una especie de dependencia emocional. Según el psicólogo Elgueta “la naturaleza prohibida de estas relaciones puede generar una especie de adicción a la adrenalina y la emoción del riesgo”
Para Rodrigo e Ignacio, estos encuentros furtivos no eran solo actos de infidelidad, sino una forma de escapar de la rutina diaria. Sin embargo, estas relaciones clandestinas no están exentas de consecuencias. La culpa puede generar una carga emocional, desencadenando en cuadros de estrés y ansiedad, esto sumado al riesgo constante de ser descubiertos. La emoción inicial puede eventualmente dar paso a un conflicto interno, dejando a las personas atrapadas entre la excitación de la aventura y el peso de la traición.
Lo que pasa en el trabajo, no se queda en el trabajo

Con el pasar de los meses, la amante de Ignacio comenzó a mostrar actitudes que no estaban contempladas en su acuerdo inicial. Empezó a ponerse celosa y, utilizando números desconocidos, comenzó a enviarle mensajes a su pareja. Esto creó una tensión adicional y complicó aún más la situación, rompiendo la discreción que ambos habían intentado mantener.
A raíz de esto, las personas en el trabajo comenzaron a notar lo que estaba ocurriendo. Cada vez que entraban a algún lugar, se les quedaban mirando con sospecha. “Fue incómodo, y lo peor es que la situación se nos había escapado de las manos. Tuve que cambiarme de departamento para no verla más y poner fin a lo que habíamos creado”, comenta Ignacio.
El psicólogo Manuel Elgueta señala que las relaciones en el ámbito laboral, y especialmente las infidelidades, son problemáticas debido a los posibles conflictos entre las partes involucradas. “Esto afecta negativamente el ambiente de trabajo, generando tensiones, deseos de confrontaciones y discusiones sobre asuntos ajenos al trabajo. Y cuando la relación termina, surge el problema de tener que seguir viendo a la persona, aunque no se quiera”.
Una vez que Ignacio se cambió de departamento, tuvo que empezar a reconstruir su relación. A pesar de sus esfuerzos, no lo lograron. “Ella intentó perdonarme, pero ya no era lo mismo. La desconfianza había echado raíces y, en realidad, ninguno de los dos quería estar con el otro. El desgaste había sido irreversible. Así que decidí estar solo”.
En el caso de Rodrigo, la situación tuvo un desenlace poco común. Su esposa descubrió lo que estaba sucediendo en la oficina y decidió separarse, ya que él había encontrado a otra persona. Por lo tanto, Rodrigo optó por estar con su amante. Aunque la historia no terminó como él había esperado, encontró un refugio y una distracción en esa nueva relación. “No estoy orgulloso de lo que hice, pero no me arrepiento”, concluye Rodrigo.